viernes, 1 de julio de 2011

¿Eres resiliente? Cómo afrontar y superar los obstáculos (Aida Baida Gil)

¿Te has parado alguna vez a pensar qué significa para ti fracasar? La forma en que percibes los errores, fracasos y adversidades tiene un papel muy importante en tu desarrollo personal y profesional y en tus logros y éxitos, por eso es fundamental desarrollar la resiliencia.  La resiliencia es la capacidad de adaptarte y recuperarte de los contratiempos, de seguir adelante cuando las cosas no funcionan como esperabas. 

¿Quieres un ejemplo? 

"No he fracasado. He descubierto 999 maneras de cómo no hacer una bombilla." 
Thomas A. Edison

Esto es un ejemplo perfecto de resiliencia. Imagínate qué hubiera pasado si Edison hubiera decidido darse por vencido. Afortunadamente no lo hizo, al contrario, aceptó sus fallos, aprendió de ellos y siguió adelante.
La realidad es que en esta vida es inevitable fracasar y cometer errores, la única forma de evitarlo sería no correr ningún tipo de riesgo ni probar nada nuevo, ¡y eso no es vivir! Por eso es recomendable desarrollar la resiliencia. Según la psicóloga  Susan Kobasa hay tres elementos clave para ser más resiliente:
  1. Ver las dificultades como desafíos. Los fallos y errores como lecciones y oportunidades para desarrollarte y no considerarlos como algo negativo y mucho menos como un defecto tuyo.
  2. Comprometerte contigo, tu vida y tus metas. Querer seguir adelante pase lo que pase.
  3. Centrarte en lo que puedes controlar. Hay ciertas circunstancias y sucesos que simplemente no puedes controlar, lo sabio es centrarse en lo que sí está en tu mano y en lo que supondrá una mayor diferencia en tu vida. Así lograrás sentirte confiada y empoderada porque estás haciendo no sólo todo lo que puedes, sino lo que importa.

El también psicólogo Martin Seligman, menciona la importancia de considerar los contratiempos como algo temporal, de procurar que no afecten a otras areas de tu vida y de no internalizarlos o convertirlos en algo personal. No es lo mismo pensar que ayer (temporal) no estuviste muy fina en el trabajo que que siempre haces tu trabajo mal o que eres una inútil. ¿Ves la diferencia?

¿Qué puedes hacer tú para ser resiliente y afrontar los cambios y contratiempos de otra manera? Estas son algunas sugerencias:

  • Deja de considerarte una víctima y coge las riendas de tu vida.Centra tu tiempo y energía en las cosas o situaciones que puedes cambiar, no en aquello que no depende de ti.
  • Sé consciente de lo que piensas cuando algo va mal y cuando hablas de ti misma. Si encuentras pensamientos negativos o críticos, corrígelos y procura siempre pensar y hablar bien de ti misma.
  • Procura no asociar cometer errores con fracasar. Los errores son parte de la vida y de ellos se aprende, decide buscar la lección que puedes sacar.
  • Recuerda que lo que importa es tu reacción ante las adversidades y errores. Tú eliges si buscar un solución y seguir adelante o si pensar que eres una inútil y quedarte paralizada.
  • No hagas una montaña de un grano de arena. Es importante mantener la perspectiva en cada situación. A lo mejor a largo plazo eso que ahora parece terrible no deja de ser una mera anécdota.
  • Sé flexible. Las cosas cambian, los planes no siempre salen bien, así es la vida y es mejor aceptarlo cuanto antes y adaptarse a ello.
  • Rodéate de gente que te apoye. Tener una buena relación con tus amigos, familia y compañeros de trabajo, hará que te resulte más fácil superar los obstáculos porque tendrás apoyo, y eso es fundamental.

Y tú, ¿te consideras resiliente o te rindes ante el fracaso y los fallos? ¿Te imaginas lo que conseguirías si tuvieras la fuerza suficiente como para no rendirte? Depende de ti, así que ponte manos a la obra.
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Aida Baida Gil, Coach de la Profesional, trabaja con mujeres profesionales que quieren ganar seguridad en sí mismas, definir el siguiente paso a dar en su carrera y sentirse plenamente satisfechas con sus elecciones. Visita  www.coachdelaprofesional.com para leer más artículos como este.

domingo, 26 de junio de 2011

Conviértete en tu propio líder y guía tu vida hacia donde quieras. Autor: Ana Cecilia Vera

Hoy quise compartir con ustedes esta nota tomada de gestiopolis.com, interesante para todos aquellos que queremos que nuestras vidas mejoren permanentemente, que estamos convencidos en que hay que pensar, hablar y actuar en modo coherente, y así todo nos irá mucho mejor. Disfrútenlo!

Conviértete en tu propio líder y guía tu vida hacia donde quieras. 
Autor: Ana Cecilia Vera

Si estas cansado de remar contra la marea y no llegar a ninguna parte, si sientes que te hundes cada día mas en la pasividad y la resignación de no poder cumplir con tus sueños, entonces es probable que no estés adoptando los hábitos de un líder. Presta atención en este artículo cuáles son las características que debes adoptar para convertirte en líder de ti mismo y de tu vida.

Un verdadero líder es aquella persona a la cual admiras por sus valores y principios, alguien que te anima a descubrir tu potencial, dándote nuevos ojos y animándote a que te arriesgues a conseguir más de y para ti mismo.

Y hoy estoy aquí para decirte que TÚ puedes ser esa persona, TÚ puedes ser tu propio líder. Empecemos por conocer algunas de las características de un líder:

Visión a largo plazo: un buen líder se anticipa a los problemas, se prepara para descubrir las oportunidades que surgirán de ellos.
Acción: un líder lucha por los objetivos que se ha fijado, no se rinde ante los reveses que le surgen en el camino, si no que persevera.
Brillo: un buen líder destaca entre la multitud, su energía y su espíritu de trabajo lo llevan a conseguir metas que parecen imposibles para otros.
Tiene coraje: no se desalienta ante las adversidades por que su convicción es fuerte. Sabe lo que desea lograr y lucha por ello.
Entusiasmo y pasión contagiosos: convence a la gente que los objetivos por los que están luchando son beneficiosos y positivos, logrando así que la pasión por la tarea surja en ellos.
Excelencia y efectividad en la comunicación: tiene una gran habilidad para ofrecer su visión, logrando que otros la vean no como una amenaza a sus proyectos, si no como algo que pueden incorporar a los mismos.
Dirección: es capaz de utilizar su autoridad cuando es necesario. Es comprensivo pero sabe cuando mantener su posición, no desde una postura de autoritarismo, si no llegando a los demás para mantener un buen clima laboral.
Exigente: no solo con los demás, si no consigo mismo. Se enfoca en la excelencia, dando lo mejor de si mismo, en lugar de enfocarse en los errores que surgen.
Simpático y divertido: su carisma y magnetismo atraen a las mejores personas que se encuentran a su alrededor. Siempre encuentra un momento adecuado para la relajación y el humor para fomentar un mejor clima laboral.
Honestidad y coherencia: sus valores morales y éticos son los pilares sobre los que descansan su filosofía de vida. Esto causa que las personas que lo siguen confíen en el ya que también es coherente en lo que dice y en lo que hace.

Estas son las características básicas de un buen líder, y tu puedes lograr adquirirlas si estas dispuesto a poner ti esfuerzo y trabajo en ello. Puedes aprender a ser tu propio líder motivador, tu propio guía hacia las metas que te has planteado.

¿De que manera puedes hacerlo? Empieza por plantearte la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que realmente quieres en tu vida?

Toma unos momentos de tu día para hacer una imagen mental de cómo será tu futuro. Dedícate a pensar en donde estarás en 5 o 10 años. Siempre es una buena idea tener una meta clara para que tu vida tenga una razón de ser.

Recuerda que en el proceso de toda gran hazaña siempre hay primero una creación mental y luego una creación física. Te incito a que hoy mismo empieces a fijar tu destino y a planificar la mejor ruta para llegar a él.

domingo, 12 de junio de 2011

¿Violencia o Paz, como actitud de vida?

Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos
 a que el mundo sea un lugar apto para ellas. John Fitzgerald Kennedy

Hace tiempo que estoy encima del tema de la violencia escolar. Me refiero a más de un año, muchos más.
Me interesa el tema, principalmente porque tengo 3 hijos adolescentes, y además, porque estoy convencida que, como dice la canción, uno cosecha lo que siembra, y la violencia, triste y lamentablemente, se ha exacerbado mucho en el discurso público en los últimos años, y aunque hay organizaciones especialistas con mucha tradición en el tema que han venido desarrollando su trabajo -como es CECODAP- el punto es que no se evidencia una aproximación integral, orgánica y planificada, de parte de las autoridades, ni públicas, ni privadas, ni desde los entes gubernamentales, ni desde las escuelas. Solo conozco alguno que otro caso específico, los cuales, en su mayoría han surgido después de que las crisis drásticas han visitado esos lugares.


Hace unos meses, por ejemplo, en Maracay un adolescente murió en manos de otro, en el liceo, por una pelea que bien hubiese podido resolverse manejando herramientas adecuadas para ello. Y hasta que ese triste incidente sucedió, fue que las autoridades y la comunidad tomaron cartas en el asunto y asumieron lo que se viene diciendo desde hace mucho tiempo: el nivel de violencia en las escuelas no es precisamente bajo, y si no tomamos conciencia de ello, y actuamos bajo la orientación de especialistas, las consecuencias pueden ser gravísimas.


No se trata solamente de obligar a llevar morrales transparentes. No. Hay que educar, comenzando por los docentes, que en su mayoría ignorando el problema, se convierten en cómplices, por decir lo menos, porque también los hay activos, que potencian con su conducta, esas actitudes violentas de los jóvenes.


Siempre le he dicho a mis hijos que, sin importar el tamaño del insulto, o de la ofensa que les lancen, la respuesta no debe ser una agresión física. Pero estoy rodeada de casos -incluidas maestras y profesores- que piensan que "hay que poner a la gente en su sitio", sugiriendo a los niños y jóvenes que un buen golpe a tiempo elimina los abusos de los demás.


Así mismo, conozco casos de alumnos abusadores, groseros, que son difíciles de controlar en el salón, y que marcan la pauta en la conducta de los docentes, pues requieren de acciones fuertes para manejar al desadaptado. También está el caso inverso, de docentes que con sus actitudes, no solamente amparan la violencia entre compañeros, sino que la promueven.


¿Cómo comienza todo? Con comentarios que parecieran inocuos, pero que son ofensivos, y la gente se va acostumbrando a ello, con lo que el nivel de agresiones va en aumento, hasta que llega a ser incontrolable, como el caso del liceo de Maracay que mencioné.


Les comentaré un par de casos, de parte de docentes en diferentes instituciones aragüeñas. Y lo pongo en el tapete, porque cuando he discutido estos casos con mis hijos, me aterro cuando me doy cuenta que el nivel de costumbre a situaciones similares en el entorno es tal, que casi terminaron justificando a esos docentes, cosa que es terrible, pues se pierde la noción de respeto, de convivencia, de tolerancia, que tanto hace falta en nuestro país.


Primer ejemplo: una docente, haciendo sus clásicas preguntas en clase para verificar que el grupo está atento y se ha preparado, le increpa a viva voz, y frente a toda la clase, a uno de sus alumnos, que no respondió rápida y correctamente: "entonces, fulanito, tú como que te hiciste la paja esta mañana? estás ahuevoneado!"


El joven que nos lo cuenta, ante la mirada atónita y la pregunta nuestra de qué dijeron ellos, respondió, risueño, "nada, solo nos reímos".


Segundo ejemplo: otra docente, entra al salón y los alumnos recién comenzando primer año de bachillerato, la saludan en coro "buenos días", manifestando su hábito traído de primaria, a lo que la docente responde "no sabía que tenía un salón de becerros"


Ambos casos son reales. Los conozco. Cuando los converso con otras personas, mucha gente no le da importancia, parecieran comentarios sin consecuencias, porque no dan golpes físicos, claro. Sin embargo, para mí es una muestra clara de la pérdida de valores, y lo lamentable es que surjan desde la tarima de quienes deben educar. Y del insulto verbal a la agresión física, no es mucho lo que falta.


Como dije al inicio, me preocupa mucho este tema. Hoy la prensa y el twitter me lo trajeron al tapete de nuevo, y me motivaron a compartir mi preocupación con ustedes. 


No soy especialista, pero consulto a quienes sí lo son, y me enfoco en procurar educar a mis hijos, fortaleciendo los valores de respeto, tolerancia y convivencia, para contrarrestar el desdibujo terrible del entorno, aunque claro, lo ideal sería que hubiese una conciencia ciudadana de la gravedad del problema, y entre todos, autoridades y comunidad, actuáramos al respecto.