Interesante video que comparto con ustedes, tomado del blog Mujer y Tecnología. Mirando hacia atrás en este resumen, nos damos cuenta de cómo la tecnología nos ha ido cambiando la vida, ¿no creen?
Aunque la pregunta más importante quizá, es la que está al final del video....
Espero que lo disfruten tanto como yo!!
A partir de ahora, compartiré aquí los sitios que quiero conocer y que visitaré pronto...
miércoles, 7 de septiembre de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
El amor es la herramienta más poderosa
"El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad" Madre Teresa de Calcuta
Son las 12:37 de la madrugada. Acabo de regresar del Colegio, de recoger a mi hija de 17 años, que estaba en su Campamento Misión IRIE 2011, junto a sus otros 28 compañeros. Apenas era su tercer día en la Escuela Taller San Marcelino Champagnat, ubicada en el Barrio San Vicente de Maracay, lugar al cual durante casi todo el año escolar asistieron cada sábado a trabajar en obra social, cuidando a los niños del barrio, enseñándolos valores de amor, jugando con ellos, procurando hacerles sentir que el miedo, el odio, la violencia, no son los valores verdaderos, sino que hay gente que se interesa por ellos, que juega con ellos, que los enseña a pintar, a leer....
Planificaron el campamento con mucha dedicación, cuidando el más mínimo detalle, para cumplir varios objetivos: uno, fortalecerse como jóvenes y como grupo REMAR (Renovación Marista), en los valores de Jesús, siguiendo el ejemplo que su vida nos dejó. El segundo objetivo, pintar y reacondicionar la escuela para que estuviera perfecta para los niños del barrio que allí estudian cuando iniciara el año escolar, y por último, llevar adelante un plan vacacional gratis para un grupo de niños y madres del barrio San Vicente.
Este era su tercer día de actividades: en la mañana, pintando los salones, las puertas, lijando y rebarnizando los pupitres, orgullosos de su trabajo...en la tarde, felices e ilusionados con sus actividades con los niños y las madres de la comunidad, enseñándoles manualidades, trabajando con ellos en sus tareas del plan vacacional....y en la noche, reflexivos y creciendo espiritualmente, a través de sus actividades de compartir como grupo, de la oración, y del análisis de la experiencia....
Hasta esta noche.
Su ilusión juvenil, su esperanza por construir un mundo mejor, la alegría de ver las caras de los niños cada tarde, se vió truncada al encontrarse de frente con el país de violencia e inseguridad que tenemos. Mientras ellos estaban preparándose para su reunión de oración, unos recogiendo, limpiando los baños, organizando las áreas, entraron a robar un grupo de desadaptados, más o menos de la misma edad que ellos, armados, y les hicieron pasar uno de los peores momentos de sus vidas.
Los detalles no vienen al caso, porque sería revivirles ese terror y angustia que acaban de vivir, al ser apuntados con armas, que muchos de ellos ni siquiera habían visto fuera de la televisión, agredidos, despojados de sus cosas, sorprendidos en su buena fe.
Escuchar la historia de cada uno de ellos parte el corazón, porque precisamente su misión, lo que se habían planteado hacer en su tiempo libre, era contribuir con hacerle menos horrible la vida a una gente que ya la tiene horrible, con el solo hecho de vivir en un barrio que se ha establecido alrededor de un botadero de basura, donde la violencia, la pobreza, y el desaliento son el pan de cada día.
Pero lo que a mí me da más tristeza de todo esto es escuchar a mi hija llorar, pensando en la desilusión que sentirán mañana, las señoras, las niñitas, los niñitos, que ya no tendrán más plan vacacional, que hoy estaban aprendiendo a forrar cintillos, que aprendieron a elaborar muñequitos de masa flexible, que hasta una fiesta con piñata tenían organizada para hacerles en los próximos días, y ya no podrán disfrutarlo, gracias quizá a sus vecinos, o sus primos, o sus compadres, o qué se yo, porque eran gente de allí mismo, la que no entendió el valor de estos jóvenes, lo importante que es su ilusión, y el cambio que estaban queriendo hacer en esa comunidad, a través de sus niños y sus madres o hermanas.
Mi hija me ha contado tantas historias de las personas con las que ella convive cada sábado: niñas embarazadas con sólo 16 años, niños cuya madre se ha ido y los ha dejado en casa de su abuela porque ya no los quiere cuidar más, niños que le tienen terror a otros niños un poco mayores que ellos, que no se atreven ni a hablar en su presencia...supongo que son situaciones que se parecen mucho en cualquier otro barrio de Venezuela. Pero su angustia principal, su tristeza mayor, la que le arranca más lágrimas de desconsuelo, es cuando piensa que no verá más a aquellos niños, que no le podrá dar las florecitas que hoy estaban haciendo juntos...
Yo le doy gracias a Dios porque no pasó nada grave. Le estoy inmensamente agradecida a los guías del grupo, que manejaron la situación de la mejor manera, y aunque se llevaron los peores insultos, los golpes y las pistolas apuntando a la cabeza, lograron salir con bien de ese lugar, junto a la policía, dejando todo atrás, esperando que mañana sea un mejor día.
No dejo de pensar en todo lo que tenemos que hacer para transformar este país en el país que nuestros jóvenes merecen, para que ese amor, esa dedicación, pueda ver frutos positivos, y no reciban más a cambio estas agresiones y violencia que los desanimen.
Y tampoco dejo de pensar en esas madres y esos niños del barrio, pero quizá no en el mismo sentido que mi hija. Yo pienso que a ellos hay que contarles lo que sucedió, y que entiendan que sus amigos, los que les estaban regalando su tiempo para hacerlos un poco más felices, tuvieron que irse, porque alguien de su mismo entorno los agredió. Probablemente ellos no puedan hacer nada, pero siento que tienen que saberlo, que tenemos que explicárselo, para que vean la diferencia entre unos jóvenes y los otros.
Porque quizá para los 29 jóvenes de REMAR ya nada será igual, y San Vicente dejará de ser su motivo actual de vida, pero su fortaleza espiritual, estoy segura de que los llevará a nuevos horizontes donde crear, crecer, y tocar mágicamente con todo ese amor. Pero aquellos que se quedaron allá, quién sabe, que han sido tocados en su corazón por el amor de nuestros hijos, si logramos que entiendan lo que esta noche pasó, comiencen a ver la diferencia, y quizá esa semilla en ellos, con el favor de Dios, se desarrolle tímidamente, para que al crecer, no se parezcan a los agresores de esta noche, sino más se quieran parecer a nuestros bellos, valientes y queridos hijos. Es como único podemos cambiar este país!
domingo, 24 de julio de 2011
El espíritu Vinotinto y la realidad del fútbol menor en Venezuela
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El equipo que ven en la foto, es la selección sub 17 que representará al estado Aragua en los próximos Juegos Nacionales que se llevarán a cabo en Trujillo, derecho que se ganaron a pulso, con su esfuerzo diario y constancia, y con el apoyo de su entrenador (Alex Montaño, de Maristas) y nosotros, sus padres y madres.
Son jugadores apasionados del fútbol, pertenecientes a varias escuelas maracayeras (Maristas, San Ignacio, Trinidad, Escuelita, Centro Hispano de Maracay, San Jacinto y Casa Italia de Maracay) que durante un mes se destacaron de entre un grupo de 30 atletas, logrando su puesto en esta selección. El proceso se llevó a cabo en diferentes campos de las escuelas mencionadas, hasta que llegó el momento de las eliminatorias zonales, contra los equipos de Cojedes y Carabobo.
Este equipo de talentosos jóvenes derrotó a Carabobo 4 goles por 1, en un aguerrido partido de desempate que tenía todos los factores en contra. Jugaron con uniforme prestado, nosotros los representantes aportamos todo: hidratación, alimentación, transporte (como en el resto de la eliminatoria). El único día que estos jóvenes se sentirían verdaderamente representantes del estado Aragua, ese miércoles 20, se les dió la espalda.
La Federación había acordado que el partido de desempate entre esta selección y la del estado Carabobo fuese en el estadio Olímpico de Maracay, sede del Aragua Fútbol Club. Hacia allá nos dirigimos a mediodía, y esperábamos la llegada del combinado de Carabobo. Cayó una ligera lluvia, de pocos minutos, que recibimos con alegría, pues las temperaturas del ambiente en esos días macarayeros eran bastante altas.
Una persona de la Directiva del Aragua F.C. llegó repentinamente al estadium, una hora antes de comenzar el partido, cuando apenas llegaba el equipo de Carabobo, para sentenciar "aquí no hay juego hoy". Palabras que cayeron como balde de agua fría a nuestros jóvenes, que entusiasmados, ya se veían jugando en ese engramado.
Yo quiero imaginar que esa persona no conoce el reglamento de la Federación, pero sería contradictorio que así fuera, si forma parte de la directiva del equipo aragüeño. Pero, si efectivamente conoce el reglamento, tenía que saber que su sentencia, para presuntamente proteger el campo, estaba eliminando del campeonato al mismo tiempo a nuestra selección de ilusionados jugadores, pues al estar presente el otro equipo en el campo acordado, si el mismo no estaba en condiciones, los visitantes ganaban el partido por forfait.
Afortunadamente, y una vez más por el empeño de nuestro entrenador, y de los representantes que allí estábamos, y por supuesto, de la voluntad de realizar el partido que traían también los equivalentes de Carabobo, el partido se realizó, de común acuerdo, en otro campo que hubo que preparar en corto tiempo, y en el que derrotamos, no solamente a la oncena carabobeña, sino al desapego, al nulo apoyo regional, en resumen, a las políticas inexistentes de promoción del fútbol menor por parte de los entes oficiales de este estado.
Este equipo, el de la foto, con su uniforme prestado, pero con el ímpetu, el compromiso, la destreza, la fuerza y la pasión muy pero muy propias, y el apoyo nuestro, de su entrenador y de sus padres y madres, asistirá en agosto a los nacionales, a demostrar que cuando se quiere, se puede, aún en contra de los que llevan ahora las riendas de las políticas públicas deportivas.
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